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La Alimentación

Cambios en la alimentación

La leche es todavía el alimento principal en su dieta, pero deja de ser suficiente para cubrir sus necesidades nutritivas por lo que a partir de este momento es uno de los mas importantes temas de atención.

Por esta razón se introducen poco a poco otros alimentos. En esta etapa debes seguir confiando a tu pediatra todo lo relativo a la alimentación de tu bebé. Él te dirá cuándo y cómo tienes que introducir cada alimento y las tomas diarias que debes darle.

Recuerda que la leche materna continúa siendo, también a esta edad, el mejor alimento que le puedes dar, ya que su composición se adapta a las necesidades nutricionales de tu hijo en cada etapa de su crecimiento.

La leche de continuación

Después de los 5 meses, la leche debe aportar, por lo menos, el 50% de las calorías diarias que necesita. La leche materna continúa siendo óptima hasta el primer año de vida.

Si te has incorporado al trabajo o debes ausentarte de casa y deseas seguir dándole de mamar, puedes sacarte leche y guardarla en la heladera (24 horas) o en el congelador (varias semanas) y administrársela en la mamadera.

Si la lactancia materna no es posible, hay muchos productos tecnológicamente muy avanzados, fabricados a partir de leche de vaca y cuya formulación ha sido modificada para parecerse al máximo a la leche de la mujer, que el pediatra te recomendará y no debes cambiarla sin consultar antes con él.

Una vez que decidas dejar de amamantar a tu hijo deberás tener en cuenta que el destete debe hacerse de forma progresiva. De esta forma a él le costará menos trabajo y tú no tendrás tantas molestias, pues la leche se irá retirando poco a poco.
En la primera semana, sustituye una de las tomas matutinas por una mamadera con leche de fórmula.
En la segunda semana sustituye otra, procurando que no sea la siguiente: por ejemplo, una toma de la tarde.
En la tercera semana sustituye otra más.

Los cereales

Las papillas de cereales son una mezcla de harinas procedentes de granos de cereales (arroz, maíz, trigo, centeno, cebada, avena), ricos en hidratos de carbono, proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales.

Los preparados comerciales están además enriquecidos con vitaminas y minerales. Pueden introducirse a partir del cuarto mes, siguiendo las indicaciones del pediatra, que te recomendará comenzar con una harina sin gluten.

Cómo se preparan las papillas de cereales :

En mamadera: Prepara una mamadera de leche como lo haces habitualmente y cuando esté caliente, añade las cucharadas de papilla de cereales que te haya indicado tu pediatra y agítalo bien.
Revisa la tetina y comprueba que el agujero es el adecuado al espesor de la papilla, para evitar que se obture. Recuerda que debes probar la temperatura en el reverso de tu muñeca antes de darle la mamadera a tu hijo.

En plato : Prepara la leche que habitualmente le das a tu bebé y añade lentamente la dosis de cereal mientras bates la mezcla con un tenedor, removiendo hasta conseguir el espesor adecuado y cuidando de que no se formen grumos.

Frutas

Son muy ricas en agua, azúcares (principalmente fructosa, y además sacarosa y glucosa), fibras vegetales, vitaminas y minerales.

La sacarosa no conviene introducirla antes del quinto-sexto mes ya que favorece el desarrollo de la caries dental y acostumbra al bebé a los sabores dulces.

Una vez que el bebe haya aceptado la papilla de cereales sin gluten, puedes comenzar con la papilla de frutas. Las papillas se preparan con fruta fresca y madura, utilizando las propias de cada región y temporada.

Se recomienda comenzar con jugos de frutas naturales sin azúcar, para no acostumbrar al bebé a los sabores dulce.

Puedes comenzar con las frutas habituales e ir incorporando de a poco manzanas, bananas, peras, pisadas en forma de papilla, naranjas exprimidas en jugos colados para evitar los gases.

Cuando prepares la papilla de frutas, no añadas galletas, azúcar, miel o leche condensada porque son alimentos que favorecen la obesidad y el desarrollo de caries dental, y porque además tu hijo aún no está preparado para digerirlos.

A muchos bebés les cuesta acostumbrase al sabor de las papillas de frutas. Hay que tener paciencia. En estas situaciones puede ser útil darle la papilla cuando esté más hambriento, mezclarla progresivamente con la leche de la mamadera, o incorporar la manzana cocida.

Recuerda que tu hijo debe tomar al menos medio litro de leche al día; parte de esa ración puedes ofrecérsela a la hora de la merienda, junto a la papilla de frutas.

Verduras

Están constituidas por azúcares (aunque en menor proporción que en las frutas), agua, fibra, minerales (sobre todo magnesio y potasio), vitaminas, principalmente del grupo B, y un pequeño porcentaje de proteínas y lípidos.

Pueden introducirse a partir de los seis meses, bien cocidas y trituradas en forma de papillas. No es aconsejable ofrecer mucha variedad de verduras durante el primer año. Es suficiente con que tu hijo pruebe, progresivamente, papa, calabaza, zanahoria, puerro, acelga y zapallito.

El nabo, la remolacha, y las espinacas son verduras ricas en nitritos que no deben ofrecerse hasta después del año, cuando el bebé es más capaz de metabolizar dichas sustancias.

Tampoco deben darse las más flatulentas e indigestas como, el brócoli o coliflor.

Al principio deberás triturar muy bien el puré, para que quede blando y tu hijo pueda tragarlo sin dificultad. Recuerda que los bebés de esta edad no mastican los alimentos, sino que los tragan directamente.

Carne

La carne aporta proteínas de alto valor biológico, minerales, especialmente hierro, vitaminas del complejo B y ácidos grasos saturados.

Se añaden a los purés después de la edad de seis meses de forma gradual. Se comienza con una cantidad pequeña, 10-15 g/día, que se aumenta progresivamente hasta dar 25-30 g/día al año de edad.

Al principio se cocina y tritura junto con las verduras, y alrededor del año, cuando el bebé va aprendiendo a masticar, se corta en pequeños trozos.

Se recomienda comenzar con el pollo porque produce menos reacciones alérgicas y es más fácil de triturar, y posteriormente se introducen la ternera, vaca y cordero.

Las vísceras como el hígado se destacan por su gran valor nutritivo, proteínas, vitaminas del complejo B, vitamina A y hierro.
Sin embargo no deben administrarse, porque en ellas quedan los restos de tóxicos y hormonas procedentes de la alimentación fraudulenta de los animales.

Los sesos no son aconsejables por su alto contenido en grasas; además, su valor nutritivo es muy inferior al de la carne.

Con respecto al jamón cocido, si es de buena calidad procede de la parte menos grasa del cerdo, puedes dárselo a partir del año.

El huevo

Esta constituido fundamentalmente por agua, proteínas de alto valor biológico, ácidos grasos esenciales, vitaminas y hierro.

Poseen gran capacidad alergénica, especialmente la clara, por lo que se aconseja introducir inicialmente la yema cocida a partir del noveno mes (en los niños con antecedentes familiares de alergia, a partir del año), y retrasar la administración de la clara hasta los 12 meses de edad.

Se deben administrar cocidos para facilitar su digestión, disminuir el poder alergizante y reducir el riesgo de contaminación, ya que es un medio de cultivo para virus y bacterias.

Se puede incorporar, comenzando con la mitad de la yema, a los purés de verdura, carnes o pescados.

El gluten

El gluten es una proteína que se encuentra en las harinas de los cereales trigo, avena, cebada, centeno. No la contienen el arroz y el maíz.

La enfermedad celiaca es una intolerancia permanente al gluten, que produce, en individuos que presentan una predisposición genética a padecer la enfermedad, una lesión severa de la mucosa del intestino delgado.

Los síntomas clínicos son muy diversos y también la edad de presentación. En los niños menores de 2 años, los más frecuentes son diarrea crónica, pérdida de peso, falta de apetito y cambio de carácter.

El tratamiento consiste en una dieta que no contenga gluten, que deberá hacerse de por vida; han de evitarse, por tanto, todos los productos elaborados con los siguientes cereales: trigo, centeno, cebada, avena y sus derivados.

El gluten no se introduce en la dieta hasta los nueve meses de vida porque no puede ser adecuadamente digerido por el bebé y porque su introducción precoz puede favorecer, en personas genéticamente predispuestas, la aparición de formas graves de enfermedad celíaca.

Pescado

El pescado está compuesto por proteínas de alto valor biológico, lípidos y pequeñas cantidades de vitaminas y minerales -sobre todo fósforo-. Según su contenido graso se clasifica en graso o azul -con alto contenido en grasa- y magro o blanco -bajo en grasa-.

Lo característico es que posee ácidos grasos esenciales (omega 3) que ayudan a reducir el colesterol sanguíneo y previenen las enfermedades coronarias.

El pescado se introduce a partir del noveno mes y a partir del año en caso de antecedentes familiares de alergia, pues se trata de un alimento potencialmente alergénico.

Antes de esa edad no se debe dar al niño porque, además, puede contener sustancias potencialmente tóxicas, como el mercurio y el ácido bórico.

Se comienza ofreciéndolo hervido y triturado junto con las verduras del puré del mediodía. Una vez que se comprueba que el niño lo tolera bien, puede darse para cenar.

Debes empezar por los pescados blancos, que al ser menos grasos se digieren mejor: merluza, pescadilla, lenguado, teniendo en cuenta de retirar la piel y las espinas .A partir de los 2 años podrá consumir pescados azules.

Cómo cocinar

Se debe lavar con especial atención la fruta y las verduras frescas bajo el chorro de agua fría. No las dejes en remojo y pélalas y trocéalas justo antes de cocinarlas, para evitar la pérdida de vitaminas, y por la misma razón utiliza poco agua para la cocción.

Una vez preparada, puedes conservar la comida de tu hijo en la heladera, durante dos o tres días como máximo. Los purés de verduras se conservan guardados en el freezer durante 3 meses. Una vez descongelados no pueden volverse a congelar, y deben consumirse en el mismo día.

Consejos para su mejor alimentación

1- Dale una dieta variada.
2- No intentes darle mucha comida, es mejor que coma pequeñas cantidades varias veces al día.
3- Procura seguir un horarios y evita que coma a toda hora.
4- Prescinde del azúcar, la sal, las especias y los alimentos demasiado grasosos.
5- Retrasa al máximo la introducción de golosinas, snacks como papas fritas y pastelería porque aportan muchas calorías en forma de grasas sobre todo saturadas.
6- Una vez que tu bebé pueda mantenerse sentado, lo mejor es usar una silla alta, para que esté a tu alcance y el se sienta más seguro.