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Educar sin Pegar

Los terribles dos años

A los dos años, los niños pasan por una etapa de deseo de independencia que lleva asociado un desafío a la autoridad, y esa autoridad son las normas establecidas por los padres.

Esta etapa del desarrollo del niño se caracteriza, además, por la aparición de las rabietas. Cuando algo no le gusta o se le lleva la contra, suele reaccionar con llantos, pataletas y gritos.

Es muy difícil mantener la calma en estos momentos, sin embargo según todos los expertos, precisamente la calma es la mejor lección que podemos transmitir.

Podemos utilizar varios métodos para controlar estos episodios de rebeldía, todos tienen sus ventajas y sus inconvenientes aunque parece que los pedagogos están de acuerdo en que los chirlos no son un buen método de aprendizaje.

Los gritos

Si los padres no están acostumbrados a gritar a su hijo, posiblemente cuando reten al niño en un tono más alto será muy eficaz, pues supondrá que están hablando en serio.

En cambio, los gritos y los retos repetidos son contraproducentes. A esta edad, a los niños les encanta comprobar las reacciones de sus padres cuando los provocan y, si observan que perdieron el control, sentirán que es él quien está al mando de su comportamiento. De esta forma lo único que lograrás es que cuanto más grites, menos caso te hará el niño.

Amenazas

Algunos niños responden perfectamente a las amenazas, otros insisten una y otra vez en su mal comportamiento. Es muy importante cumplir las amenazas, es decir, si lo retas y le avisas de que si sigue pegando a su hermano le vas a quitar el peluche que es el objeto de la disputa...pero luego no lo haces, entenderá que las amenazas no se cumplen e insistirá en su mal comportamiento.

Dar un chirlo

Muchos padres consideran que un chirlo en el momento indicado es la mejor manera de poner límites.

A favor:

  • Los chirlos, de forma moderada y dándose de manera convencida en situaciones extremas, pueden ser eficaces.
  • Subrayan la autoridad paterna siempre y cuando no se conviertan en una práctica repetida.
  • Funcionan siempre que se trate de una excepción a la regla.

En contra:

  • Para muchos psicólogos y pedagogos es un método muy poco eficaz.
  • La primera duda que se plantean es, cuál es el límite una vez que se ha dado el primer chirlo.Podrán frenar los padres el deseo de dar un chirlo cada vez que el niño se muestre rebelde.

También han analizado las posibles respuestas de los chirlos en la mentalidad infantil:

  • Podrían entender que es posible pegar a alguien cuando hace algo que está mal y como consecuencia, también ellos pueden pegar a sus amigos cuando hagan algo malo según sus criterios. -Si estás enojado o nervioso no pasa nada por pegar.
  • Es muy probable que si al niño le pegan en casa entienda que él también puede hacerlo en el colegio o en el parque.

Los detractores de estos métodos afirman que nunca es un elemento educativo. Si acaso, podría ser una solución de urgencia para aliviar los nervios de los padres, en un momento determinado.

La técnica de la interrupción

Muchos expertos defienden otros métodos para modificar el comportamiento de los niños a esta edad. Uno de los más extendidos es el llamado de la interrupción, por que su objetivo es interrumpir la actividad del niño para que se de cuenta que ha hecho algo malo.

Si se ha portado mal o tiene una rabieta, hay que apartarlo y decirle que esté allí quieto durante 2 a 3 minutos. Una silla, un rincón o una escalera sirven para este aislamiento momentáneo.

Después de haberlo dejado esos minutos solo (mientras, puedes seguir haciendo tus actividades cotidianas) le levantas el castigo, le das un beso y olvidas el berrinche.

Puede ocurrir que el niño grite, llore y se enoje aún más. No te inmutes, sé firme y déjalo en el lugar que hayas elegido. Debes transmitir al niño firmeza y tranquilidad.

Si después de esta situación continúa pegando a su hermano o pintando la mesa de la cocina, o con el berrinche que tenia, repite la interrupción con la misma calma que la primera vez. Seguro que se cansará de parar tantas veces seguidas.

Negociar con él

La experiencia ha demostrado que no sirven las largas explicaciones racionales y adultas. Los niños son niños y entienden mejor órdenes cortas y tajantes.

Quizá, cuando sean más mayores, podrás negociar con ellos el comportamiento más adecuado. A esta edad es difícil hacerles "razonar" como los mayores.

Posiblemente no pueda comprender por qué no debe pegar a su hermano cuando le quita los juguetes. Y tampoco es fácil que acepte un "chantaje" del tipo: "Si te acuestas pronto, mañana te compro un caramelo". Todavía es muy pequeño, por lo que es más apropiado trasmitirle mensajes claros y sin opción de respuesta.

Sobrecorrección

Se basa en conseguir que sea el propio niño quien “arregle” los destrozos que ha motivado su conducta. Por ejemplo, si cada vez que se enoja tira sus juguetes por el suelo, se le dice que los recoja y que los guarde en su sitio.

Travesuras peligrosas

Cuando el comportamiento de los niños entrañe algún peligro, hay que dejar muy claras cuáles son las normas. No es el momento de razonar.

Cuando está haciendo algo que lo pueda lastimar o que corra riesgo su vida, apártalo de lo que está haciendo y dile un no “rotundo” y firme. Tomalo de las manos y míralo a los ojos mientras lo haces. Deja para cuando esté tranquilo las explicaciones sobre el peligro que corre haciendo lo que está haciendo.