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El Cuidado del Bebe Enfermo

Por qué se enferman los niños tantas veces

Según las estadísticas, durante los seis primeros años de su vida pueden llegar a conocer cerca de 300 virus diferentes. Muchas veces contraerán infecciones, leves la mayoría de las veces, que los ayudarán a crear su sistema inmunológico, el soporte defensivo de su organismo.

Durante el embarazo y la lactancia el bebé acumula y recibe las defensas de la madre, pero al cabo de 6 – 8 meses pierden esta protección natural, por lo que su organismo debe fabricar su propio sistema defensivo.

Mientras que esto ocurre, están expuestos a una gran cantidad de agentes infecciosos contra los que deben luchar. Por eso, se enferman gran cantidad de veces. Algunos niños están acatarrados prácticamente todo el año. Sin embargo, esto no significa que tengan un mal estado de salud. Cada catarro o infección leve le ayudará a preparar las defensas para combatir más adelante.

La lactancia y la vacunación son las dos medidas más importantes para luchar contra las infecciones. Aún así, es inevitable que los niños contraigan enfermedades de vez en cuando.

Cómo se siente un niño enfermo

Cuando un niño está enfermo se encuentra realmente mal. El descenso de su actividad es tan marcado que puede alarmar mucho a los padres.

La mejor manera de tratar a un niño enfermo es con mucho amor. La inseguridad que le produce su estado puede contrarrestarse dándole mucho amor y cariño.

Cuándo debemos ir al médico

Aunque resulta evidente cuando se encuentra mal un niño, los padres debemos estar atentos ante cualquier síntoma que nos haga sospechar una enfermedad. En esos casos, es conveniente llevarlo siempre al pediatra.

En general debemos estar tranquilas porque los niños, aunque sean bebés muy pequeños, sienten cualquier estado emocional anómalo, por eso, no debes transmitir tus preocupaciones.

Siempre que no existan signos de alarma puedes pedir una cita con el pediatra o, mejor aún, consultarlo con una simple llamada telefónica. Numerosos estudios han demostrado que la mayoría de las visitas a los servicios de urgencias no eran necesarias, es decir, podrían haberse evitado.

Es importante aprender a valorar cuando podemos esperar la cita con su pediatra habitual y cuando no tenemos más remedio que acudir a una urgencia.

Como norma general, las enfermedades en los bebés menores de seis meses requieren una actuación más rápida. Una fiebre elevada en un niño de dos meses sí es una "emergencia", pero normalmente no lo es en un niño de seis años.

Los expertos recomiendan llevarlo a un servicio de urgencias en las siguientes situaciones:

  • Tiene menos de tres meses y fiebre alta.
  • Está adormilado, decaído o demasiado irritable.
  • Se queja de dolor de cabeza y vomita.
  • Ha tenido una convulsión.

Cómo cuidarlo

Mientras está enfermo debe recibir algunos cuidados especiales. Aunque se trate de un simple resfrío, se sentirá mejor si le dedicas una atención especial y que te ocupas de mantener agradable su habitación.

Su habitación: Mientras dura la enfermedad, no importa que esté en la habitación de los papas, aunque es preferible que duerma en su cama o cuna, pero siempre cerca de ustedes.

A no ser que lo recomiende el médico, no es necesario que esté en cama todo el tiempo, sólo si él lo pide debemos dejarlo acostado en la cama todo lo que quiera.

Cambia a diario la ropa de cama y los pijamas, y vístelo de manera cómoda y no demasiado abrigado.

La casa no debe estar demasiado caliente (18º es la temperatura más adecuada) y debes ventilar las habitaciones al menos dos veces al día durante 15 minutos.

La alimentación mientras está enfermo: Si no quiere comer, es mejor no obligarle. Las comidas deben ser ligeras, pobres en grasa pero ricas en hidratos de carbono: son recomendables las pastas, las papillas de fruta, de verduras, las carnes ligeras y los caldos. Es preferible que haga 5 comidas ligeras que 3 abundantes.

La higiene: Aunque este enfermo trataremos darle un baño rápido o, en todo caso, mantenerlo limpio pasándole una toalla húmeda por el cuerpo. No debemos olvidar la higiene de los dientes.

Controlar la fiebre

La fiebre es siempre un motivo de alarma para los padres. Cuando un niño tiene la temperatura alta, suele ser una señal de que algo va mal en el organismo.

Puede tratarse de una infección, pero otras veces sólo se debe a un cambio sin importancia. La temperatura normal se encuentra entre 36,5º y 37,8º. A partir de la última cifra o por debajo de la primera, será necesario consultar al médico.

La temperatura corporal también varía a lo largo del día. Al atardecer suele subir algunas décimas y, de madrugada, suele descender. Si el niño tiene fiebre, antes de administrarle algún medicamento hipotérmico (paracetamol habitualmente) es conveniente desabrigarlo. Debemos ponerle el termómetro para saber su temperatura y actuar en consecuencia.

Cómo poner el termómetro: En los niños menores de tres años, el mejor sitio es el recto. En 1 o 2 minutos conoceremos su temperatura que será normal si se sitúa entre 36º y 37,5º. Sólo es necesario introducir el termómetro 1 cm. en el ano. En los niños más mayores podemos ponerlo en la axila. Serán necesarios más minutos y la temperatura normal será entre 36,2º y 36,8º.

Si lo internamos Algunas veces es necesario internar a nuestro hijo. La mayoría de los centros disponen de plantas y habitaciones especiales para hacer más agradable la estancia a los más pequeños.

Además de las recomendaciones del personal sanitario, es conveniente seguir unas pautas elementales:

  • No dejes al niño solo en la habitación. El se encuentra en un medio extraño y, a no ser que te obliguen las circunstancias, es preferible que el niño esté acompañado en todo momento.
  • Llévale sus objetos más queridos: sus peluches, su pijama, sus juguetes, su bolsa de aseo... Una foto de la familia es también un buen consuelo en los malos momentos.
  • Trata de que tenga una buena relación con los médicos y enfermeras, porque ellos serán los que lo harán sentir mejor.

Que el niño no tenga miedo al médico

Los pediatras normalmente están acostumbrados a esas escandalosas reacciones que tienen los niños: si te fijas, son capaces de auscultar a un niño que da patadas y mirar la garganta a un bebé que le muerde la mano.

Normalmente su experiencia ayudará a que el niño acabe aceptándole, pero tú puedes hacer muchas cosas para que vaya perdiendo el miedo a lo desconocido:

  • Debes actuar con normalidad. Ir al médico no es grave y puede convertirse en un acto bastante habitual.
  • Cuando sea lo suficientemente mayor como para entenderlo, es conveniente explicarle qué le va a hacer en cada consulta. No es bueno engañarlo, si sabemos que le van a poner una inyección, para hacer un análisis, por ejemplo, debemos decírselo. Si no le avisamos, puede que en la siguiente visita se sienta aún más asustado.
  • Si es mayor, es preferible que sea él quien hable con el médico y le cuente lo que le pasa, aunque luego le aclares algún detalle.
  • Deja que se lleve su juguete preferido o su mascota de peluche; le dará seguridad.
  • Es bueno que juegues con él al doctor. Representar lo que le va a pasar o le ha pasado en la consulta le dará seguridad.
  • No suele haber ningún problema en tener al niño sobre las rodillas mientras el médico le examina.

Algunos tienen pánico a acostarse en la camilla y otros no se dejan desnudar, trata de actuar con calma facilitando el trabajo al pediatra pero también intentando que el niño se sienta lo mas tranquilo y seguro posible.