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Nuevas relacionesLa familia es uno de los elementos claves para el correcto desarrollo del niño. Allí ensayará su posterior comportamiento social y su relación con ella desencadenará muchos rasgos de su personalidad.En la actualidad la incorporación de la mujer a la vida laboral, el divorcio o la elección cada vez más común de tener un solo hijo son factores que han motivado unas nuevas relaciones. Esperando un hermanitoLos psicólogos consideran que la edad apropiada para que un niño tenga un hermanito es entre los dos y tres años. Por un lado, el mayor ya no es un bebé (controla los esfínteres, camina perfectamente...), pero no se llevan tantos años como para no compartir juegos, horarios e, incluso, habitación.Pero todos los primogénitos son "príncipes destronados" y todos sienten celos de su hermano pequeño. De la actitud de los padres dependerá que el choque emocional que supone la llegada de un hermano se convierta en algo pasajero. No hay que darle la noticia demasiado pronto, pero tampoco debemos esperar a que se de cuenta él solito. En cualquier caso, los padres son los que deben dar la noticia, nunca un vecino, amigo o familiar. Antes de comunicarle que va a tener un hermanito conviene prepararlo:
El papel del padreEn la actualidad los papás colaboran en el cuidado y la educación de los hijos, ya que en la mayoría de las familias la mamá trabaja también fuera de casa, es necesario compartir las tareas.Para un niño pequeño es muy bueno tener más de un cuidador, es decir, si el padre lo baña, cambia o viste, está ayudándolo a forjar un carácter mucho más abierto. Para los expertos, el padre es el intermediario entre el niño y la sociedad y su función en la formación del niño es crucial: Le ayuda a ser independiente, pues aporta otro punto de vista al binomio madre-hijo Se encarga de ofrecerle estímulos nuevos: le lanza por los aires, le enseña a hacer cosas diferentes. Se convierte en un referente para el niño de cara al comportamiento con los demás. Con su autoridad, proporciona seguridad al niño. Ayuda a la identificación sexual: los varones ven en él el modelo a seguir y las niñas el hombre al que gustar. Aunque lo impida tu trabajo debes procurar pasar el mayor tiempo posible con tus hijos. Si trabajan los dos, es esencial que dediques un tiempo exclusivamente para ellos. Por ejemplo, no mirar televisión durante la cena para poder hablar, o dedicar los fines de semana para salir con ellos. Según las últimas encuestas, los niños prefieren tener menos juguetes y que sus padres estén más horas en casa. Participa en sus juegos. Si el juego es compartido es mucho más eficaz para el desarrollo, por eso debes enseñarle a jugar pero sin intentar que se rija por unas normas muy estrictas. Si está jugando solo y tranquilo no interfieras, participa sólo si te lo pide. Fomenta los ejercicios al aire libre y los juegos que le ayuden a soltar su extraordinaria energía. El padre tiene, normalmente, más resistencia para correr, saltar o pelearse que la madre. Enséñale a andar en bici, a saltar o a columpiarse y aplaude sus logros. Incluso, no es malo que vea que puedes hacer un poco el payaso, un padre cercano y cariñoso es mejor que otro autoritario y frío. Respeta y conoce sus gustos porque participar de sus aficiones ayudará a tu hijo a formar su personalidad. No intentes modificar sus preferencias, aunque no coincidan en absoluto con las tuyas, y procura no despreciar su mal gusto. No le pegues, educa a tu hijo con disciplina, pero no con violencia. Muchísimos estudios han demostrado que el efecto del azote dura sólo unas horas, en cambio si ve una actitud autoritaria e inflexible en los aspectos esenciales acabará respetándote. Contesta a sus preguntas, es importante que el niño no perciba desgana o desinterés por tu parte ante sus múltiples por qué, y aunque no sepas qué decirle, siempre es mejor un no sé porque la lluvia es transparente que un por qué sí, demostrando desinterés por la pregunta.
El hijo únicoDurante años, se ha pensado que los hijos únicos eran pequeños tiranos, mimados y caprichosos. Hoy sabemos que el carácter de estos niños depende mucho de la educación de los padres.Los problemas del hijo único son, niños que sólo se miran en el espejo de los mayores. Al no tener hermanos su relación con los padres y el mundo de los adultos es más estrecha lo que los hace ser excesivamente maduros para su edad. Si los padres son muy sobreprotectores, pueden llegar a ser muy retraídos y tímidos; incluso, puede que tengan problemas para integrarse en los grupos. Al no estar acostumbrados a competir con un hermano, pueden sentirse muy indefensos hacia los demás niños. Las ventajas que tienen lógicamente, es que reciben más atención y se relacionan con los padres de manera exclusiva, lo que les aporta una gran seguridad. Habitualmente son niños muy maduros e inteligentes. Al contrario de lo esperable, suelen compartir sus cosas, pues no tienen que defenderlas de los hermanos. Los psicólogos recomiendan que, para suplir la ausencia de hermanos, estos niños deben desde muy pequeños, tratar de relacionarse con otros niños de su edad. El primogénitoEl primer hijo es el más deseado pero, por otro lado, el que padece la inexperiencia de los padres. Comparte muchos de los rasgos de los hijos únicos (de hecho lo son durante algún tiempo) pero a su carácter hay que añadir un mayor sentido de la responsabilidad, retraimiento y deseo de satisfacer a los adultos.Parece que se toman la vida más en serio que sus hermanos y, en ocasiones, adoptan casi el papel de padres. Por eso, tal vez, son más proclives a padecer problemas de tipo nervioso y son menos sociables que los segundos o los pequeños. El problema más importante con el que deben enfrentarse es el de los celos. En estos casos, el papel de los padres será esencial para que los supere con éxito. Conviene ser flexibles con ellos y no exigirles más de lo que puedan dar. No debemos darles más responsabilidad de la que puedan asumir: son niños, aunque sean los mayores. No tienen porqué ser cómo nosotros queremos, ni gustarles lo mismo que a nosotros, ni criar a sus hermanos, que son nuestros hijos. El segundo hijoSuelen ser más independientes, más sociables (deben ganarse la atención de los padres) pero también están sometidos a una continua comparación con los hermanos mayores.Los psicólogos afirman que el mundo del segundo está configurado de una forma menos racional que la de los primogénitos. Éstos sólo recibieron las explicaciones lógicas y coherentes de los adultos, pero los hermanos menores están condicionados por las explicaciones de sus hermanos. Suelen aprender a hablar más tarde y su vocabulario no es tan rico como el de los hermanos mayores. Con frecuencia se sienten menos importantes: incluso heredan la ropa y salen en menos fotografías, y por eso demandan más demostraciones de afecto por parte de los padres. Con ellos debemos comportarnos de forma especial, dedicándoles toda la atención posible. Haciéndoles entender que ellos también son hijos únicos e irrepetibles. Los pequeños han sido los niños mimados y protegidos, pero también son en muchas familias el instrumento de los hermanos mayores para llegar a los padres ("decile a papa que nos lleve al parque, como sos el más chico seguro que no te dice que no"). Recientes estudios han demostrado, que suelen ser los más independientes y creativos de la familia y que los mimos que reciben los convierte, con frecuencia, en adultos cariñosos. Peleas entre hermanos :
El niño y los abuelosLos abuelos son de los miembros de la familia más importantes para los niños, suelen ser los familiares más queridos por los niños después de los padres. Actúan como el mejor reemplazo de los padres cuando hace falta, y le ofrecen al niño una nueva forma de vida que los ayuda a crecer y a hacerse más abiertos.Además, casi siempre tienen más tiempo que los padres y pueden dedicarse a contar cuentos, jugar o pasear con sus nietos. Las cosas buenas que aportan los abuelos :
Las cosas malas que aportan los abuelos:
En cualquier caso, los abuelos cumplen un papel fundamental como apoyo afectivo de los nietos. Siempre que actúen en consonancia con los padres, su relación será beneficiosa para los niños. Visitarlos, dejar que mimen a los niños y que, incluso, les consientan algún capricho son recomendaciones que todos los psicólogos apoyan. Inculcar a los niños el respeto y el cariño hacia los mayores será muy beneficioso para su futura formación.
El divorcio y los niñosPara los padres, la separación puede o no ser una solución a sus problemas, pero para los hijos, puede llegar a ser una ruptura de la parte más importante de su vida. Las consecuencias son: miedo a sentirse desprotegido, ansiedad por la incertidumbre, sentimientos de culpa...Casi un 35 por ciento reaccionan al divorcio con una depresión normalmente no tratada. En psiquiatría, este cuadro se llama proceso de duelo y suele durar alrededor de dos años. Comienza con una etapa de desesperación y rechazo al ser que se ha ido, para pasar por una segunda fase en la que se sume en la tristeza. Por último, el distanciamiento y la posibilidad de ligarse a otro ser querido. Para un niño de 1 o 2 años, la separación de su madre suele ser catastrófica. Desaparece la persona que se ocupaba de satisfacer sus necesidades, su universo y las consecuencias pueden ser: insomnio, llanto incontrolado e, incluso, negativa a comer. En niños más mayores los efectos del divorcio se traducen normalmente en una regresión hacia etapas ya superadas: vuelven a hacerse pis, hablar como un bebé, están tristes... Las consecuencias son tan importantes en los niños que muchos expertos en terapia familiar aconsejan un intento de acercamiento en la pareja antes que el divorcio. Cómo afrontar una separación: Podemos hacer muchas cosas para que la separación no tenga graves consecuencias en los niños:
Los niños adoptadosEn general los padres tienen muchas dudas sobre la evolución de un hijo adoptado. Sin embargo, si el niño se ha adoptado cuando era un bebé, la evolución suele ser muy positiva.Si el niño es mayor, posiblemente necesite el apoyo de un psicólogo para afrontar la nueva situación. No hay una edad ideal para decirle que es adoptado. Cuando el niño pregunte, se le contesta. Sin dramatismo ni explicaciones largas y complicadas. Los momentos más adecuados pueden ser:
El niño tiene que percibir que sus padres lo quieren exactamente igual que si hubiera sido biológico. Es más, se le tiene que explicar que él fue un niño especialmente buscado y, por tanto, especialmente querido. Cuando sea lo suficientemente mayor para entenderlo se le explicará que muchos hijos se conciben por azar, sin buscarlos, y en cambio una adopción es algo meditado y deliberadamente querido y buscado por los papas. |