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La edad de los por quéPara los psicólogos, los continuos por qué son una de las pruebas de que su desarrollo es el apropiado. Su curiosidad se pone de manifiesto incluso antes de empezar a hablar.La manipulación de los objetos, su afán por investigar el mundo que les rodea, su necesidad de llevarse todo a la boca responden a un deseo de satisfacer sus dudas. Cuando comienzan a hablar cuentan con una herramienta más: el lenguaje. Otro de los motivos que les hace preguntar constantemente es practicar esta nueva herramienta de comunicación. Imitan la entonación, el ritmo de las frases, las nuevas palabras...Por eso muchas veces hacen preguntas sin siquiera esperar una respuesta. Las preguntas son buenas para su desarrolloPor muy absurdas que sean sus preguntas, aunque planteen las mismas dudas una y otra vez o aunque nos agobien con su insistencia, está demostrado que para favorecer su desarrollo los padres deben prestarles toda su atención.Es una manera de establecer un vínculo comunicativo muy importante. Además, hay determinadas actitudes que pueden influir en él de forma muy negativa. Por ejemplo, dar muestras de que te aburren enormemente sus preguntas, o contestarle con desgano (un ¡y yo que sé! puede desorientarlo muchísimo) o darle a entender que hay cuestiones tabú como el sexo o la muerte. Aunque nos resulte difícil, debemos contestar a todas sus dudas para evitar así reprimir sus intereses.
Dedicarle tiempoFavorecer su curiosidad es favorecer el desarrollo de su inteligencia. No conversar con ellos puede entorpecer en gran medida su evolución. Una de las causas que más afectan a la comunicación entre padres e hijos es la falta de tiempo.Uno de cada cuatro padres varones y la mitad de las madres cree que dedica poco tiempo a sus hijos. Si no podemos aumentar cuantitativamente el tiempo para estar con ellos, los psicólogos recomiendan que, al menos, lo hagamos cualitativamente. Aunque estemos cansados, es necesario dedicar a los niños un rato porque las futuras relaciones sociales se forjan en la familia y parece comprobado que el desarrollo intelectual y emocional está muy condicionado a la relación de los padres con los hijos. Las respuestas a sus preguntasNo debemos abrumarlos con respuestas excesivamente largas o científicas que posiblemente no comprenderán. Son muy buenas las comparaciones con cosas que él ya conoce así como manejar ejemplos que le resulten familiares.Aunque no entienda del todo la respuesta, el niño percibe que sus dudas sí tienen solución y eso lo tranquilizará. A veces, simplemente pregunta por preguntar, y tal vez no quiera obtener una respuesta, no importa, y está bien seguirles el juego de causa-efecto. Las respuestas han de ser cortas, claras y sencillas. Si no sabemos la respuesta, podemos decirle que necesitamos un tiempo para consultar la respuesta y contársela. Así aprenderá que los padres también tienen que aprender. Nunca hay que ridiculizar sus dudas; a veces, incluso, les molesta que nos riamos de sus ocurrencias, lo mejor es mostrar interés por lo que nos dice. La muerteA esta edad es uno de los más graves interrogantes que se plantean en la vida de un niño. Si en el entorno del niño se produce un fallecimiento (un familiar, un amigo o, incluso, su perro o su gato) seguramente preguntará con insistencia.Hay muchas opiniones sobre la respuesta que dar ante un tema tan complejo. Muchos expertos recomiendan dulcificar la explicación desde un punto de vista trascendente. Incluso, aunque los padres no crean en la otra vida, podemos explicar al niño que el abuelo está en el cielo, en otro lugar donde no podemos verlo. Otros defienden algo más científico: el abuelo era mayor y por eso se ha muerto. El inconveniente es que el niño querrá confirmar una y otra vez que sus papás, su universo, no son mayores y no lo van a abandonar. Sea cual sea la respuesta que le hayamos dado, lo importante es no transmitirle angustia y hacerle ver que entendemos su sentimiento de pérdida, ayudándole a expresar sus emociones para que supere el mal momento de la forma menos dolorosa. Por qué hay guerraA partir de los 3 años, los niños se dan cuenta que detrás de esas imágenes televisivas de una guerra que reflejan muerte y destrucción existe una tragedia, que los niños se mueren y también sus papás. Es frecuente que pregunten y se muestren preocupados por esta situación y a veces se sientan realmente asustados.En ningún caso los papás debemos aumentar sus temores. Las explicaciones deben estar adecuadas a la edad del niño, y teniendo en cuenta siempre sus características personales. La mejor forma de comenzar la conversación es preguntando lo que él sabe sobre el tema y pedirle una opinión. Seguramente nos sorprenderían sus respuestas en las que con frecuencia se “mezclan” imágenes de películas con fotos de las portadas de los periódicos. Al hablar de la guerra, es un buen momento para inculcarle valores de tolerancia, diálogo, necesidad de resolver cada pelea o cada discusión de forma pacifica. |