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La Fiebre

La Fiebre

La fiebre es una reacción normal del organismo ante determinadas circunstancias. La temperatura puede aumentar ante la presencia de una infección, pero también ante un golpe de calor o un esfuerzo muscular grande.

En los niños, la oscilación de la temperatura es más frecuente que en los adultos debido a que su sistema de termorregulación aún no está del todo maduro.

La mayoría de las fiebres en la infancia se producen por infecciones banales causadas casi siempre por un virus. Son procesos benignos que suelen desaparecer en dos o tres días.

Una reacción normal de la fiebre

Siempre que la fiebre sea moderada (no más de 38 o 38,5 grados) no es necesario bajarla. No siempre es imprescindible normalizar esos grados de más a no ser que el niño se encuentre mal.

Numerosos estudios han demostrado que la temperatura elevada dificulta la supervivencia de muchos gérmenes y ayuda a combatir más rápidamente la infección. Lo más importante ante un proceso febril es conocer cuál es la causa y tratar el problema según indique el pediatra.

Cómo tomar la temperatura

La frente caliente, mejillas enrojecidas, ojos llorosos o la sensación de frío o escalofríos son algunos de los síntomas que nos hace sospechar que el niño tiene fiebre.

La forma de comprobar estas sensaciones es tomar la temperatura con un termómetro.
Existen varios tipos: de mercurio, digitales o de oído.

Dependiendo de la edad del niño, hay que tomar la temperatura de una u otra forma:

  • En los lactantes, debe tomarse en el ano, manteniendo el termómetro durante unos minutos. El extremo del termómetro puede lubricarse con un poco de aceite. Debe introducirse aproximadamente un centímetro apretando las nalgas del bebé.
  • Los niños entre 2 y 5 años, ya se puede poner el termómetro en la axila durante 3 o 5 minutos.
  • En los más mayores (a partir de 5 años) se puede tomar en la axila y en la boca.

Siempre que el termómetro indique más de 38º es posible que el niño se encuentre mal, por eso será necesario normalizar la temperatura.

Se puede intentar con las siguientes pautas:

  • No abrigar al niño en exceso. Hay que mantenerlo con poca ropa, siempre que la habitación esté caldeada.
  • No conviene que salgan de casa y, si es posible, procurar que haga reposo. Cuando le baje la fiebre, si es recomendable un paseo para ayudar a superar el aturdimiento que provoca el aumento de la temperatura.
  • No hay que obligarlo a comer. Posiblemente no tenga apetito, pero si, debe beber mucho líquido, en pequeños sorbos y frecuentemente.
  • Se recomienda dar un baño rápido para bajar la temperatura, el cambio brusco a veces puede provocar un poco de malestar. Tampoco hay que aplicar paños con colonia o alcohol, que podrían quemarle la piel, que es muy delicada.

Cuándo acudir al médico

Se deberá acudir al medico cuando presente los siguientes síntomas:
  • Si la fiebre dura más de 48 horas
  • Si la temperatura supera los 39,5 grados
  • El niño se encuentra muy mal, esta decaído, tiene dificultad para respirar o está demasiado adormilado
  • Si es menor de 3 meses, hay que acudir en el momento en que se ve que aumenta la temperatura.

En la mayoría de los casos el pediatra recomendará un antitérmico adecuado a su edad.

El ácido acetilsalicílico no está recomendado en niños menores de seis años, por lo que antes de esta edad suele recomendarse paracetamol o ibuprofeno en jarabe.
La acción de estos fármacos comienza a notarse a la media hora de su administración y su efecto desaparece después de 4 horas.